
Tengo la idea de compartir con vosotros como empezó esta aventura que a día de hoy es Mintaka Libros, mi querida tienda online donde con mucho cariño cuido, almaceno y vendo mis libros cuando, para cada uno de ellos, un día aparece su lector.
Hay que empezar por el principio. Desde niña me han gustado los libros… tenerlos entre mis manos, ojearlos y por supuesto leerlos.
La primera vez que ahorré para algo, siendo niña, fue para comprar libros. Tenía una hucha a la que pegué una etiqueta en la que escribí «para libros» y cada vez que tenía una moneda ahí la ponía. También mi familia colaboraba. Y así completé mi colección de «Los cinco», aquellas aventuras escritas por Enyd Blyton en las que yo me imaginaba que era una de las protagonistas.
Después, cuando mi tía vino a vivir enfrente de nuestra casa me sorprendió con varias estanterías repletas de libros donde yo podía sumergirme y rebuscar, y así fue como descubrí a Colette, a Fraçoise Sagan y a Simone de Beauvoir, que fueron mis preferidas en mi adolescencia. Recuerdo veranos en que me pasaba las tardes horas y horas leyendo en mi habitación. Y me recuerdo yendo a la biblioteca a elegir libros para llevarme a casa.
No solo me gustaba las novelas, también me empapaba los libros de ciencia, sobre todos los de astronomía y los de intrincados acertijos matemáticos. También los de arte, con sus láminas llenas de bonitos cuadros y los de viajes que me transportaban a lugares remotos que yo soñaba con visitar algún día.
Pero nunca pensé en dedicarme como profesión a los libros. Hice lo que había que hacer, estudiar una carrera, la de arquitectura en mi caso, y dedicarme a trabajar en ello. Y así me hice mayor y entré en el mundo de los adultos. Seguía leyendo, claro está. Cuando iba a cualquier sitio mi lugar favorito era siempre la sección de libros, la de la gran superficie, la del dentro comercial o la de la estación de tren, y por descontado las librerías, a las que llevaba a mis hijos para que se enamoraran de los libros igual que yo. Cuando eran pequeños les leíamos libros antes de dormir (lo típico) pero también les dejaba que ellos me leyeran a mi y me arroparan y apagaran la luz cuando me quedaba dormida.
Y así transcurría mi vida hasta que un día llegó aquella primera crisis, la que siguió al boom del ladrillo, y me quedé de golpe sin trabajo. Cerraron el estudio de arquitectura donde trabajaba y me vi en la calle con mis 40 años y sin posibilidad de trabajar «en lo mío» pues el mundo de la construcción se había desmoronado.
Tras varios meses de buscar trabajo sin resultado, aprovechando que varios en mi familia vendían artículos de coleccionismo en el rastro de mi ciudad, el popular mercadillo de «El jueves», me animé a plantarme allí a vender todos aquellos libros que pensé que no iba a leerme mas (no me suele gustar repetir la lectura de una novela, y aunque los guardaba con cariño pensé que podría desprenderme de ellos). Así que planté mi mesa con mis libros y cada jueves me encomendaba a la suerte a ver si sacaba algo. Mermaba mi biblioteca pero era mas importante tener algún ingreso. Llegó un momento en que mis libros no eran suficiente y empecé a comprar. Siempre había alguien que quería vender los suyos, de modo que empecé a comprar para revender, para tener siempre un stock.

Y llegó un día en que se me ocurrió que también podría probar a venderlos por internet. Así que me abrí página en los portales al uso y ahí comencé la nueva andadura. Eso fue en el año 2010. De vender en esos portales de segunda mano pasé a crear mi propia página web. Por aquel entonces me había unido a un socio, pero nuestros caminos tomaron rumbos distintos y seguí mi camino sola, aunque mi stock se vio muy mermado y tuve casi que empezar de cero.
Fue en ese momento cuando creé Mintaka Libros, en la primavera del 2018. Y aquí sigo. Ahora trabajo con mi hija, seguimos vendiendo en internet, seguimos vendiendo libros de saldo en el mercadillo de los jueves en Sevilla, seguimos incorporando libros a nuestras estanterías y seguimos esperando al comprador-lector que cada libro espera mientras descansa en nuestras estanterías. Seguimos nuestra andadura-aventura con ilusión renovada cada día. Y feliz, porque al final vivo rodeada de libros. Y me siguen haciendo feliz cuando los abro y los ojeo, aunque no me pertenezcan más que de paso y fugazmente, pero pasan por mis manos, se que existen y eso me hace sentir dichosa. Y estar aquí y contaros todo esto 🙂
Isabel, 07/12/2022